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Mi experiencia con la Doctrina Secreta

   La Doctrina Secreta es un libro enigmático que rompe con el modelo occidental de enseñanza. Uno como lector está acostumbrado al método aristotélico en el cual el autor nos lleva de la mano, capítulo por capítulo, empezando con los conceptos más simples para gradualmente ir introduciendo lecciones de mayor complejidad.

   A diferencia del método anterior, la Doctrina Secreta ubica al lector desde el inicio en un territorio extraño que podría asemejarse a un gran laberinto del cual se nos está colocando en el centro.   Mirando a nuestro alrededor nos encontraríamos en una gran cámara rodeada por siete portales, uno por cada una de las estancias del libro de Dzyan.

 

   Entramos a la primera de ellas “La Noche del Universo” y nos encontramos con pasajes incomprensibles a la razón, pero que sin embargo irradian la belleza propia de una obra de arte. En sus párrafos se nos habla de un “Vacío sin Límites”, que todo lo abarca, y que sin embargo es algo. Una realidad que es lejana e intocable, y que, a pesar de ello, reside siempre en cada uno de nosotros.

   Conforme seguimos avanzando por sus rincones nos encontraremos con callejones aparentemente cerrados, el disfrute vendrá seguido de frustración obligándonos a retroceder sobre nuestros pasos. Intentaremos pues, explorar la siguiente estancia en donde, para nuestro pesar, nuevamente nos encontraremos con terrenos poco familiares y portones sellados.

   Regresando a la cámara principal nos percatamos de que en nuestra prisa por correr habíamos pasado de largo un valioso mapa. Su título: “PROEMIO”. Tras revisarlo nos damos cuenta de que el propio mapa es difícil de entender, requiriéndonos de una lectura repetitiva y un trabajo de asimilación, labor que puede tomar semanas, finalmente llegamos a una comprensión si no perfecta, cuando menos aceptable del mismo.

   Nuevamente nos embarcamos en recorrer la primera estancia, algunas zonas que estaban bajo total penumbra ahora irradian una débil luz. Parece que nos estamos aprendiendo el camino, no obstante, aún existen secciones cerradas y con cerrojos para los que no tenemos una llave.

 

 

   Decidimos regresar y proseguir con la siguiente estancia. Recorremos sus pasajes ahora con más cuidado, poniendo mayor atención a los textos en sánscrito grabados en sus muros, a los símbolos que adornan sus pilares y nos regocijamos al encontrar coincidencias con aquellos de nuestro mapa. Tras inspeccionar a detalle uno de ellos descubrimos la primera llave oculta. Nuestra intuición nos insta por regresar a la primera estancia para usarla en uno de los cerrojos. Así lo hacemos y para nuestra fortuna, la llave funciona, revelando un nuevo corredor para explorar.

   Ha pasado el tiempo y hemos ya desarrollado herramientas propias para recorrer el laberinto. Ya aprendimos el alto costo de dejar todo a la memoria y comenzamos a hacer anotaciones sobre nuestros recorridos. Nos apoyamos también del Glosario Teosófico para aquellos términos sánscritos incomprensibles. Otros conceptos difusos los aclaramos al leer los “Textos Perdidos de la Logia Blavatsky”.

   Tras horas de exploración nuestra atención se enfoca cada vez en detalles más pequeños y aquellas referencias de pie de página que parecían irrelevantes ahora se vuelven valiosas, revelándonos a diferentes guías que permanecían ocultos. Gracias a esto ahora brincamos a otros libros de apoyo y para aquella laguna de mitología que antes parecía imposible de cruzar ahora encontramos una barca guiada por Max Müller. Aquel pasaje místico que parecía indescifrable de pronto cobra luz tras estudiar las enseñanzas de T. Subba Row sobre el Bhagavad Gita. Nos percatamos que el millar de referencias a otros autores en la Doctrina Secreta tiene una razón de ser.

   Al día de hoy me doy cuenta de lo poco recorrido, sin embargo, me percato también de que no hay ninguna prisa por llegar al final. La recompensa viene dada en el propio transitar, es un camino PERSONAL y la satisfacción viene impregnada en cada una de sus páginas las cuales irradian luz pero también calor. Es finalmente cuando uno entiende que la Doctrina Secreta no era un libro para la razón, desde el principio fue un libro destinado al corazón.

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