Publicación
  • Edgar Shaister
  • 2019-05-16 18:37:28
  • Centro de Estudios Prometeo,Ciudad de México
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El Dar y El Recibir

Se dice que en el dar está el recibir, cuando damos algo solemos esperar una retribución a cambio, quién da con la esperanza de recibir no podemos decir que verdaderamente esté haciendo las cosas inegoistamente si no por el contrario, dentro de esa actividad la persona piensa más en sí misma y es un egoísmo bien disfrazado.
Bien es cierto que es dando que se recibe, pero la situación es si podemos dar las cosas sin la esperanza de recibir algo a cambio, sin la ilusión de recompensa, lo que hemos escuchado como el desapego al fruto de la acción, entregarse por completo. 
El egoísmo causa en toda la humanidad un gran conflicto, un terrible sufrimiento y nos puede hacer pensar que ciertas cosas nos darán la felicidad, inclusive el ayudar a alguien para sentirnos felices puede resultar una forma de egoísmo, ¿qué quiero decir con esto?, que verdaderamente es difícil desarrollar el amor puro en la acción, la entrega total de tu ser hacia los demás, observándote a ti mismo si lo haces inegoístamente.
La gran mayoría inicia la búsqueda “espiritual” movidos por una causa egoísta, como por ejemplo alcanzar la iluminación, entrar en contacto con los adeptos, tener seguidores, ser reconocido como conferencista o instructor, escritor, teósofo, masón, metafísico, rosacruz, buddhista, etc..., incluso, realizar actos buenos para que los demás vean lo buenos que somos y que tengan una buena imagen de nosotros, y en la mayoría de los casos estos son ejemplos de amor a la personalidad pero muy bien ocultos, muy sutiles, disfrazados, más no se trata de a lo que quieres llegar si no qué influencias te incitan a realizar ese fin… ¿alcanzar la iluminación para tu dejar de sufrir, o bien, alcanzar la iluminación para que todos los seres puedan dejar de sufrir?, ¿entrar en contacto con los adeptos para satisfacer tu personalidad, sentirte cercano a un ser iluminado que te hará sentirte seguro y en confort, o bien, para conocer el plan de Dios y manifestarlo conscientemente con todo tu esfuerzo, con toda tu vida, con toda tu alma y de esta forma disipar las tinieblas en la humanidad con todos los sacrificios y renuncias correspondientes?, ¿la riqueza para una vida de lujos o para beneficio de los demás?, ¿piensas más en el maestro o en tu prójimo que tienes tan cerca y necesita de tu ayuda?, ¿ deseas esa fama para simplemente sentirte conocido en el mundo y tener reconocimiento y poder, o bien, para que tengas la oportunidad de llegar a mas personas y poder ayudar a la humanidad en mayor medida?, ¿estar presumiendo ostentosamente por el mundo que eres “Teósofo”, “MASON”, “ROSACRUZ” etc… etc… para tener una autoridad sobre los demás y que te vean como alguien que conoce referente al tema y le obedezcan todo ciegamente?, o bien, callarse la boca y demostrar que realmente sabes y tienes esa armonía en la palabra, el pensamiento y la acción, que eres congruente en lo que hablas y haces, no valiéndote de ello para tener autoridad sobre otros si no para hacer referencia a una enseñanza bendita, siempre dirigiendo la atención a la presencia interna del individuo y no a lo externo. Así pues, podemos ver cuán fácil es disfrazar el egoísmo , cuán fácil es abrigarle y nutrirle, así como puede resultar egoísta aquel que gasta excesivas cantidades de dinero en lucir bien él sin importarle el sufrimiento que pueda ocasionar al planeta entero, así el que quiere lucir bien haciendo alarde de sus conocimientos ostentosamente o bien creyendo tener un cargo en el cual puede mandar a otros en los temas referentes al espíritu es igual de egoísta que el anterior mencionado. 
Dentro de este egoísmo se puede encontrar el miedo a servir a los demás, el miedo a ser insuficiente, el miedo a sufrir en servicio, a morir en el intento, el miedo a renunciar a cosas de la personalidad, el pensar en los futuros dolores y sufrimientos que nos pueden esperar o bien pensar en las alegrías y grandes recompensas que nos aguarden, todas estas están centradas en uno mismo, en la personalidad, de modo que tanto una como la otra de igual forma nos produce sufrimiento, así podemos ver que mientras más pensamos en nosotros mismos en más sufrimiento nos envolvemos, en más miedos y en más problemas. La clave es el servir desinteresadamente a los demás, desapasionadamente, ahí podemos encontrar la paz, dejando de pensar en nosotros mismos.
Aquí regresamos al punto central, en el dar está el recibir pero hay que dar como si no fueras a recibir nada a cambio, solo así puede surgir verdaderamente el amor de los unos a los otros, solamente así cuando dejamos de pensar en nosotros mismos podemos alcanzar verdadera felicidad. El que da sin esperar recibir nada a cambio su goce es infinito ya que encuentra dicha y felicidad en la misma acción más no en la futura recompensa. Quién da algo esperando recibir a cambio, sufre en el periodo en que se le da su recompensa y una vez ésta realizada, la ve desaparecer rápidamente ante él y vuelve a sentir que no tiene nada. El que da desinteresadamente su dicha es eterna por que está viviendo siempre en el eterno presente donde el amor se derrama a cada instante, se siente completo y uno con su prójimo, de modo que sabe que el “Todo” reside en él y él reside en el “Todo”, de esta forma solamente podemos tener a los perfectos servidores mundiales, de esta forma sabremos que es el servicio de los unos a los otros lo que más se necesita ahora, si esto no se entiende; cualquier organización, grupo, escuela etc.. etc.. puede caer rápidamente en los terribles errores que los antepasados ya han cometido, se puede caer nuevamente en la autoridad, en el fanatismo, en la lucha del poder, en crear nuevos dogmas y sectas, desviándolo todo a la gran aberración. Solamente ésta actitud del dar sin esperar recibir puede salvarnos verdaderamente de cometer los errores de antaño, ya que esta acción es la acción del amor mismo donde tenemos más fijada nuestra atención en la humanidad que en nosotros mismos. Es el egoísmo el que puede echar a perder hasta la mas bella flor y de ahí que aprendamos verdaderamente lo que significa el amor, pero esto no se puede lograr sin la observación y el conocimiento de uno mismo.
Si pensamos demasiado en nosotros mismos la tarea nos resultará muy difícil y pesada, quién piensa en sí mismo no piensa en la voluntad que los maestros conocen y sirven, no piensa en la suprema voluntad que da vida a todas las cosas, obstruyendo así la visión clara y perfecta que existe para los hombres y su evolución, cuando una persona se impacienta es prueba clara que está obrando por egoísmo. 
Así pues solo queda desarrollar el desapego a la propia personalidad y descubrir a cada instante el egoísmo en la acción, observándonos diariamente, conquistándonos cada día, así aprenderemos a desarrollar el amor en la acción, practicar el bien por amor al bien, tener amor al conocimiento por el conocimiento en sí, por lo que es, desarrollar la virtud por la virtud misma, llegando cada vez más a la esencia de las cosas. No cabe duda que el gran señor Maitreya tenía razón al expresar que el amor sigue siendo el camino. Cuando se olvidan de sí mismos encuentran esa “felicidad” en las alegrías de los demás.

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